Impresionante testimonio de Fernando Llera, afectado de linfedema de cara, tras su cáncer de laringe.
El Instituto Fisiomedico es un centro de referencia en fisioterapia oncologica donde se lucha contra las secuelas del cáncer y por la calidad de vida del paciente.
La vida transcurre en la convicción de que ciertas cosas solo le suceden a los demás; pero unas veces por suerte y otras por desgracia, caemos en la cuenta de que también nosotros podemos vernos tocados por la mano de la fortuna o de la adversidad.
Y así las cosas, un buen día me encuentro con la desagradable sorpresa de que ese mal de nuestro tiempo, el cáncer, me ha escogido como blanco para llevar a cabo su devastadora misión. No conozco como ha sido esta vivencia en el resto de los afectados, por ello solo puedo narrar mi experiencia personal y la de mi familia, que no creo que difiera mucho de la de los demás.
Cuando a finales de febrero de 2016 me diagnosticaron cáncer de laringe, fue un enorme mazazo a nivel personal y familiar, con la sensación de encontrarme ante un precipicio al que si o si has de lanzarte sin saber lo que vas a encontrar, solo con la certidumbre de que sea cual sea el desenlace, el camino hasta el será duro.
Por suerte el tiempo transcurrido entre el diagnóstico y la intervención fue corto y las perspectivas no eran del todo malas. Así las cosas, entré en quirófano y tras una tremenda operación comencé la recuperación de esta etapa, que aún siendo muy dura, ya que las dificultades respiratorias y de deglución eran importantes, se afrontó con optimismo.
Posteriormente, aunque no había afectación ganglionar y el mal estaba aparentemente erradicado, decidimos someterme a radioterapia, debido a que el tumor había alcanzado un tamaño considerable y había que asegurarse de su total erradicación.
Aquí empieza la etapa más dura de la enfermedad, la radioterapia. Particularmente a mi me afectó desde el principio, provocándome considerables trastornos que fueron creciendo hasta empezar y persistieron durante varios meses después de finalizar el tratamiento.
Pues bien, para finales de verano de 2016, habiendo completado todos los tratamientos; me encontraba físicamente agotado y padeciendo de forma aguda unos efectos secundarios provocados por la radioterapia de los que tenía la sensación de no saber como salir. La piel del cuello estaba muy irritada, la laringe se encontraba muy inflamada, por lo que deglutía y respiraba con dificultad, y toda la zona aparecía muy inflamada.
Muy lentamente algunos trastornos fueron remitiendo poco a poco; pero el linfedema de cuello persistía sin apreciarse mejoría alguna. Pregunto aquí y allá y nadie sabe darme solución al problema. Me dicen que es normal, que con el tiempo se atenuará; pero nadie conoce ningún tratamiento ni especialista al que pueda recurrir.
El linfedema se convierte en el tema estrella de nuestras pesquisas, nos dirigimos a la Asociación de Lucha Contra el Cáncer de mi provincia, y nada. Comienza la búsqueda en Internet y tras muchos días de investigación, encuentro referencias a un médico que aborda quirúrgicamente este problema, un rayo de esperanza.
Nos trasladamos a Madrid tras concertar una consulta con Dr. Masiá, que muy amablemente nos recibe y evalúa. Este nos indica la existencia de un equipo de profesionales fisioterapeutas, liderado por Curro Millán en el Instituto Fisiomedico, especializados en el tratamiento de estas secuelas producidas por la terapia oncológica, en particular el linfedema.
No había tiempo que perder, inmediatamente, ese mismo día, concertamos una visita al Instituto Fisiomédico y aquí comienza una nueva y esperanzadora singladura, para intentar dar solución a este problema del que pocos conocen y con el que llegué a creer que tendría que lidiar el resto de mi vida.
Desde el día en que Lara Guerrero primero y luego Curro Millániniciaron el tratamiento de mi linfedema, abordándolo mediante múltiples técnicas, masajes método Godoy, aplicación de aparatos específicos, con sus hábiles manos, empecé a notar mejoría y obviamente comenzamos a ver con optimismo el futuro. Llevo ya ocho meses de tratamiento, con el que hemos conseguido la casi normalización de mi linfedema, que va perdiendo presencia en mi vida poco a poco, de hecho en breve pretendo incorporarme a mi trabajo habitual.
Mi llegada al Instituto Fisiomédico supuso un rayo de luz al que asirme con la esperanza de solucionar un problema sobre el que nadie sabia nada y al que se le presta más bien poca atención, ya que si bien no supone un peligro para la vida de los pacientes que han superado una enfermedad tan grave como el cáncer, si constituye una merma importante en la calidad de vida de estos.
El trato recibido por parte de Curro y Lara durante este tiempo ha hecho que la relación de profesional-paciente se convirtiera en amistad, ello unido a los estupendos resultados que hemos ido consiguiendo poco a poco, han hecho que los viajes semanales desde Badajoz, mi ciudad, a Madrid, lejos de suponer un engorro, se conviertan en un acicate debido a la mejoría que voy experimentando.
Finalmente, solo lamentar que desde la sanidad pública no se preste la atención adecuada a las secuelas que los tratamientos oncológicosdejan en los pacientes, a los que aunque afortunadamente se les salva la vida cada vez en mayor número, quedan seriamente limitados en su vida diaria y a los que no se les ofrece otra salida que vivir con limitaciones.
“Gracias a centro especializados en el tratamiento de secuelas oncológicas, hemos conseguido la casi normalización del linfedema”